Una agradable monjita, sor Inmaculada, me atiende desde el Monasterio de la Virgen de las Maravillas de Madrid, y, sí, conoce profundamente la advocación de la Virgen de las Maravillas de Cehegín, y dispone de libros y reproducciones fotográficas.
La Virgen de las Maravillas de Madrid data del siglo XVII. La imagen del Monasterio de Carmelitas Recoletas, con el diminuto Niño, fue destruida en la Guerra Civil, y la actual parece ser que es obra de Federico Collaud Valera, sobrino del gran novelista, Juan Valera, (Pepita Jiménez, Juanita la Larga…). Tan importante fue el fervor que desde aquella época se tuvo a la Virgen de las Maravillas, que se dice que el Rey Felipe IV, de los Austrias menores, curó las fiebres que le acosaban gracias a su intercesión, y es por ello que costeó la obra de edificación del Monasterio.
Es conocida, también, la historia verídica del galeón de combate ‘Nuestra Señora de las Maravillas’, nave almiranta de la flota de Indias que, cargado de cinco millones de pesos y piedras preciosas, embarrancó y se hundió en un arrecife de las islas Bahamas. De los seiscientos hombres de la tripulación sólo se salvó un marinero, Manuel Diego Cortichuelo de Rivadeneida, quien en acción de gracias ingresó en la Orden de los Agustinos.
Es posible que el grajeño padre Francisco Moreno, hubiera conocido la bella imagen de la Virgen de las Maravillas en el Monasterio de Madrid, y fraguara en su interior la ilusión de conseguir otra Virgen aún más hermosa para el convento de franciscanos de Cehegín, del que fue Guardián. Nadie acepta, actualmente, que el título de Virgen de las Maravillas se decidiera, como se ha dicho, por sorteo, porque ello atenta contra la lógica y ninguna advocación ha sido decidida de tal modo. Así que fue idea preconcebida del franciscano.
La historia de la imagen de la Virgen de las Maravillas ha sido escrita en muchísimas ocasiones y formas, incluyendo fábulas piadosas, que en aquella época encendían el fervor de nuestros antepasados. No pretendo recurrir a los
mismos escenarios y sí, en cambio, exponer hechos contrastados o bien lógicos.
En el año 1725, el reino de Nápoles, a causa del tratado de Utrecht, había pasado a dominio de los habsburgo-austracistas. El emperador Carlos VI, anterior pretendiente al trono de España, -Guerras Carlistas-, otorgó el gobierno del reino del Vesubio al cardenal Michael Fiedrich von Attann. En la misma época, era Dux de la república de Génova Domenico Negrone cuyo retrato, pintado por Domenico Parodi, se conserva en la colección particular del Príncipe Pallavicini, y Génova era la patria de los Peretti, importante familia de comerciantes, cuyo rastro aún se conserva en Italia y Argentina.
La ciudad de Nápoles era conocida como ‘El Conservatorio de Música’. El napolitano y brillantísimo compositor Giovanni Battista Pergolesi, quien murió a la temprana edad de 26 años, víctima de la espina bífida, compuso, para la historia de oro de la música, su ‘Stabat Mater’ para soprano, contralto y orquesta. Un dueto divino inmortal, hondamente emotivo que transpira lágrimas de dolor desnudo. De otra parte, el compositor Alexandro Scarlatti murió en el mismo año de 1725, tras escribir obras maestras como una serie de oratorios, (‘La Resurrettione’, ‘Il Martirio di Santa Cecilia’, …), cantatas sacras, motetes y conciertos, dejando tras de sí a discípulos tan importantes como los compositores Leonardo Leo y Joachin Quantz, que estuvieron junto a él hasta el último suspiro.
En este contexto histórico y cultural nació la incomparable imagen de nuestra Virgen de las Maravillas. La más perfecta y bella que han conocido las generaciones pasadas, presentes y las que vendrán, dentro del mundo católico.
El padre Moreno jamás hizo mención del autor de la sagrada imagen, posiblemente porque no lo sabía, y es a partir del siglo XX cuando los franciscanos la atribuyeron al célebre tallista de madera, Nicola Fumo, apoyados en opiniones de artistas italianos, pues sabemos que ya en el año 1946, el profesor Ortelani, conjeturaba que la imagen había sido realizada en el taller de Fumo.
Pero surge la duda si consideramos que durante los últimos años de su vida, el escultor sufrió ceguera total, falleciendo el día 2 de julio de 1725. Voces autorizadas como la de la doctora en arte de la Universidad de
Génova Danielle Sanguinetti abogan por la autoría de Antón María Mariaglano, escultor genovés de la misma época, dotado de un refinamiento absoluto y tallista de numerosas imágenes de la Virgen con el Niño, de sospechosa
proximidad a la imagen de nuestra Patrona. Los estudiosos que se decantan por la autoría de Mariaglano no solo
atienden a esa proximidad plástica sino también al hecho de que Lorenzo Peretti, genovés, muy bien pudo encargarle la talla a un compatriota, y sabido es que Mariaglano se inspiró repetidas veces en las Vírgenes que pintó el maestro absoluto, renacentista, Rafael Sanzio, el Divino.
Antón María Mariaglano inundó las iglesias de Cádiz de Vírgenes con el Niño, y forzosamente hemos de acudir a su examen. Cuando contemplamos atentamente el rostro incomparable de la Virgen de las Maravillas, recurrimos a las pinturas del maestro de Urbino. Es divino. No sabemos, a ciencia cierta, el autor, pero sí deducimos que estuvo dotado de inspiración celestial.
La última hipótesis ronda en torno al yerno de Nicola Fumo, Nicola di Mare, que se hizo a cargo del taller de éste y es autor de numerosas esculturas y tallas dispersas por iglesias de Italia y España. Dice la tradición que los ‘montalvos’ fueron los primeros porteadores de la Virgen. Esta familia habitó en la calle del Cubo, y se les conocía como los
‘montalvos’ por la sencilla razón de que sus antecesores, procedentes de Montalvo de los Cameros (Mons Albus, Monte Blanco), llegaron a nuestras tierras con las primeras tropas castellanas.
¿Quién no recuerda a José Ibáñez Baquero, conocido por ‘montalvo’? Casó con Juana Ruiz Guirao y como no
tuvieron descendencia ocuparon su lugar en las andas otros ‘montalvos’, cuyo apellido era y es Ibáñez, y hasta hace pocos años podíamos ver en las procesiones de septiembre a Andrés Agudo Ibáñez, que abría camino a la carroza de la Virgen con una campanita, dando los avisos de parada y reanudación. Ahora lo hacen sus parientes.
La imagen de la Virgen ha sido reproducida en varias ocasiones. El escultor caravaqueño, José Ortega, oriundo de Sigüenza, en 1752 realizó una imagen que quiere representar a la Virgen de las Maravillas y al Niño, y que se
halla expuesta en la nave izquierda, entrando al Santuario de la Santa Cruz de Caravaca, a la vista de los peregrinos que allí acuden. Fue autor también de otra imagen de la Virgen de las Maravillas que, en el año 1756, talló para la Iglesia de la Virgen de las Maravillas de Almanzora. Esta imagen fue destruida en la guerra civil, y sustituida por otra en 1942, hallándose expuesta en la Capilla de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Celebra sus fiestas en diciembre.
Hay otra imagen en la ciudad de Damagüete, provincia de Negros, Filipinas. Asimismo, podemos contemplarla en Mataró, aunque su autor es desconocido. El fallecido imaginero Francisco Liza Alarcón, realizó la talla de otra imagen, que se halla en Cehegín; y lo mismo hizo su sobrino, Antonio Castaño Liza, cuya imagen igualmente tenemos a la vista en esta ciudad.
La goleta que llevaba la imagen en el camarote del capitán partió de Italia en la primera pleamar del día 1 de julio de 1725 y arribó al muelle de los Espalderos de Cartagena el día 16 de mismo mes empleando dos semanas en la
travesía, tiempo normal que tardaba un velero en aquella, si no había complicaciones.
El notario, Darío Ruiz Zabalo, nacido en Calatayud, refinado y culto, ocupó la plaza de Cehegín en los años cuarenta, y permaneció en nuestro pueblo hasta que se jubiló forzosamente, el día 16 de septiembre de 1967. Encargó la hechura de una imagen, que exponía en el retablo floral que armaba en la fachada del edificio de la notaría, que daba paso al Mesoncico.
En el año 1725 Cehegín estaba bajo la jurisdicción de la Orden de Santiago. El rey Alfonso XI, había donado esta villa a la mencionada Orden, según privilegio rogado, otorgado el día 03 de agosto de 1344. En el año simbólico era regidor Juan Adán Guirao. La villa todavía no se había repuesto de las heridas de la guerra de la independencia y del terrible saqueo a que fue sometida por las tropas del mariscal Soult, uno de los mayores ladrones de arte que ha registrado la historia. Ello ocurrió en el año 1812.
La Virgen de las Maravillas destronó enseguida, por su atractivo y cercana belleza, a la Virgen de la Peña, distante seis kilómetros de Cehegín y, por supuesto, a San Zenón, patrono que nada inspiraba a los cehegineros de la
época; y prueba de ello es que el día 14 de septiembre de 1725, antes de transcurrir dos meses desde la llegada de la sagrada imagen, nació la primera niña a la que se le puso el nombre de Maravillas, hija de Gregorio García y de
Lucía Abril.
La Virgen de las Maravillas durmió la guerra civil, para no ver tanto horror, permaneciendo en Murcia hasta que el día 03 de mayo de 1939 el apoderado general de la sección de devoluciones de bienes incautados y recuperados, José Alegría Nicolás, la entregó al alcalde de Cehegín, Pedro Gamboa Teruel y a fray León Arana, Guardián del Convento, siendo colocada en su camarín el día 07 de mayo.
No consta que el primer centenario fuera celebrado de manera especial, puesto que en el año 1825 Cehegín lamía aún sus heridas. El segundo centenario, año 1925, fue celebrado con gran esplendor y con cuidada organización, celebrándose la Coronación Canónica. Se ha escrito que acudió, en representación del rey Alfonso XIII, el marqués de Bondad Real Jaime Beltrán de Lis y Gurowski, sin embargo no es así porque no existió ese personaje. La representación real la ostentó Vicente Beltrán de Lis y Gurowski, nacido en 1875, quien se hospedó en la finca del marqués de Pidal, el Carrascalejo. El único Jaime Beltrán de Lis se apellida también Larrea, y nació
en 1995, por lo que ahora tiene la edad de treinta años.
En el año 1932 se reguló por decreto la incorporación o escalafón de los directores de bandas de música municipales siendo así que en el año 1940 llegó a Cehegín el director Arturo Canalejas Aranda con su esposa, Carmen de Montes, emprendiendo el difícil cometido de reconstruir nuestra banda de música. Compuso el himno de la Virgen de las Maravillas que actualmente se interpreta con letra del franciscano padre Herrera. Anteriormente, fray Samuel Prats (Benicolet, Valencia, 1883) había compuesto con letra de Ricardo Sánchez Madrigal el himno de la primera coronación del año 1925.
En el archivo de la provincia franciscana de Cartagena se conserva gran cantidad de documentación relativa a la Virgen de las Maravillas tal como la plegaria que Arturo Canalejas escribió con letra de su esposa. Proseguiremos en el futuro con la investigación de la música que, durante tres siglos, se ha compuesto en honor de nuestra patrona y se dará a conocer para su conservación en los archivos de la Hermandad y su interpretación.
Deseo a todos que el trescientos aniversario sea propicio y se inscriba en la historia de Cehegín.
Cehegín, a 18 de junio de 2025
Ángel Luis Peñalver Ruiz



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