Biase Brando, de Nápoles a Cehegín. Por Antonio Peñalver

 

 

Situada sobre uno de los más bellos tramos del golfo de Policastro, al sur de Italia, surge Maratea, pequeña localidad costera de algo más de 5.000 habitantes, situada en la región de Basilicata donde, en lo alto del Monte Biagio reina, majestuosa, la estatua del Cristo Redentor y la ciudad se asoma al Mar Tirreno.

Su casco antiguo con sus estrechas callejuelas y sus viejos edificios nos retrotrae a la época medieval. Es conocida como la ciudad de las 44 iglesias por el gran número de edificios religiosos, capillas, monasterios, grutas y ermitas diseminadas por todo el territorio, todos ellos enriquecidos con espléndidas obras de arte. La Basílica de San Biagio, dedicada al patrón, se sitúa también en lo alto del Monte Biagio, donde surgen los restos de la antigua Maratea.

En 1442 Alfonso V, rey de Aragón, conquistó Nápoles. Así pues, desde el siglo XV, Nápoles estuvo en poder de Aragón, de Francia (durante un breve periodo), de España y de Austria, y finalmente fue independiente desde 1734 hasta 1860, año en que fue incorporado a la Italia unificada.

Desde allí vino un día siendo muy joven el protagonista de este relato Biase (Blas) Brando Sorice. Llamarse Blas, o mejor dicho Biagio o Biase en el pueblo de Maratea era y es algo muy normal, ya que San Biagio es su Santo Patrón; tal vez lo hiciera huyendo de las contínuas revueltas existentes por el control de sus tierras por parte de España, Francia y Austria y la resistencia del reino de Nápoles, al que pertenecía Maratea, a ser conquistado (información de tradición familiar). Es posible que su venida al Noroeste murciano se debiera tan solo, como la llegada de otros caldereros (los Florenciano, los Orrico, etc), al hecho de encontrar un asentamiento definitivo para desarrollar su singular oficio. Así pues, el hijo de Doménico Brando y Mariana Sorice, cogió sus bártulos y llegó hasta Caravaca de La Cruz donde pronto empezó a ejercer su oficio de calderero recorriendo sus calles.

Enseguida conoció a Hilaria Sánchez García, la que iba a ser su compañera (no hay constancia documental de que llegaran a casarse por la Iglesia), con la que tuvo al menos dos hijos: Domingo y Mª de los Ángeles y con la que formaría la saga de los Brando en estas tierras al noroeste de  Murcia, que llegaría hasta Cehegín de la mano de su hija Mª de los Ángeles Brando Sánchez al casarse con tan solo 17 años y huérfana ya de sus padres italianos, con un joven ceheginero, el carpintero Juan Rosendo Rodríguez Navarro. Tuvieron cinco hijos: Rosendo, Alfonso, Juana, Juan de Dios y Andrés, el único vástago que no logró sobrevivir ya que murió en edad infantil.

Juan de Dios Rodríguez Brando, el menor de los hijos de Mª de los Ángeles, es el padre de los conocidos en Cehegín como ‘los de Juan Rosendo’. Su hijo mayor, Juan Rodríguez Ruiz, falleció en la Batalla del Ebro, en la Guerra Civil Española, siendo distinguido con una calle de nuestro pueblo que llevaría su nombre (calle de Juan Rodríguez, hoy Olmitos). Mª de los Ángeles, Mª Francisca y Carmen conforman el resto de hijos de Juan de Dios.

En un momento de mi investigación, me dispongo a buscar la defunción de Blas Brando en un amplio espacio de años comprendidos entre la partida de nacimiento de Mª Ángeles Brando Sánchez (2/8/1858) y el expediente matrimonial de ésta con Juan Rodríguez Navarro (9/1/1876) con la intención de no errar en la búsqueda, en el que consta que, tanto Blas Brando como su esposa Hilaria Sánchez ya habían fallecido; de hecho, ella necesitó permiso judicial para poder casarse debido a su minoría de edad (17 años), no apareciendo ni en los registros de Caravaca ni en los de Cehegín; por lo que estoy en condiciones de determinar que ni Blas Brando ni su ‘compañera’ Hilaria Sánchez fallecieron en ninguno de los dos pueblos. También puedo asegurar que, tras hablar con el profesor de la Universidad de Murcia e investigador don Norberto Marín Pérez, Blas Brando Sorice tampoco falleció en su Maratea natal.

En aquellos años las enfermedades contagiosas y la muerte acosaban de forma insaciable a las gentes y, sobre todo, a las de condición social más humilde. Es muy probable que Blas Brando e Hilaria Sánchez, fuesen sorprendidos por la muerte lejos de Caravaca y que su hijo Domingo entrara en alguna casa de acogida o fuese adoptado en otro lugar.

Mi intuición me lleva a inclinarme por la teoría de que dado que el oficio de calderero se realizaba de calle en calle por los pueblos, salvo que dicho trabajo les permitiera establecerse de manera permanente en uno de ellos, Blas Brando con su esposa y su hijo Domingo, que seguramente ya le ayudaba en las tareas propias del oficio de calderero, anduvieran de aquí para allá y acuciados por la extrema pobreza, entregaron a su hija pequeña en el hospicio existente en Caravaca de donde salió a los 12 años de edad para servir en casa de doña Juana Sánchez de Amoraga y Lorencio, una ceheginera de elevada posición social y económica, cuñada de doña Mª Josefa Ruiz y Álvarez-Castellanos, casada con su hermano don Cristóbal.

Mª Ángeles entró en esa casa de la calle Olmitos nº 3 a la edad de 12 años alrededor de 1870, considerada expósita y ejerciendo de sirvienta, si bien tengo que decir que con toda seguridad, Ángeles, como la llamaba doña Juana, fue como una hija para ella; así queda demostrado en su testamento, cuya copia obra en mi poder, en el que queda reflejado que esta señora donó a Ángeles un bancal de 200 celemines, llamado ‘Bancal de la Balsa’ en el sitio de San Sebastián, así como otro de 2 fanegas a su hijo Alfonso en el mismo sitio y término de Cehegín.

Ángeles solo salió de aquella casa para casarse con 17 años con su vecino de enfrente (Olmitos,6) Juan Rosendo Rodríguez Navarro, pasándose a vivir al nº 5 de la misma calle, casa adosada a la de quien había sido su madre adoptiva desde los 12 años: doña Juana Sánchez de Amoraga y Lorencio.

Alguna espina debió quedar clavada en el corazón de Ángeles Brando ya que, tal vez por despecho, le puso a su segundo hijo el nombre de Alfonso, haciendo honor al padre de doña Juana que así se llamaba y no el de Blas, su padre, como hubiese sido preceptivo. En aquella época los nombres de los hijos seguían un criterio fijo de orden según el cual el primer hijo o hija llevaban el nombre de los abuelos paternos y el siguiente el de los abuelos maternos. Este protocolo sigue vigente aún en nuestros días, aunque ya sin tanto rigor ni obligatoriedad.

En fin, hay algunos aspectos que tal vez no tengan ya a estas alturas ninguna respuesta, pero lo que sí es incuestionable, es que aquí, en el noroeste murciano, Biase Brando, hijo de Doménico Brando y de Mariana Sorice, dejó su semilla que aún sigue fluyendo por las venas de algunos cehegineros.    

Esta saga ceheginera está encarnada hoy, además de otros, en la figura de Juan Rosendo Abril Rodríguez ‘Piter’ y, aunque ya fallecido, su hermano Martín. También en la de Mª Jesús Guirao Rodríguez, ferviente ceheginera aunque residente en Madrid, que siempre ha mostrado gran interés por conocer sus raíces y que tanto me ha ayudado a escribir este relato.

Con los hermanos Rodríguez Brando, desaparece para siempre en Cehegín este apellido efímero en el tiempo, que me llamó la atención en mis largos ‘paseos’ por los archivos antiguos, por ser el apellido de aquel mítico actor norteamericano de rostro impenetrable, de origen francés aunque de apellido italiano, el gran Marlon Brando.

Agradecimientos:

A Mª Jesús Guirao Rodríguez y Juan Rosendo Abril Rodríguez, por su desinteresada aportación de datos, así como de algunas fotografías de sus antepasados.

A Norberto Marín Pérez, profesor titular del departamento de Informática y Sistemas de la Facultad de Informática de la Universidad de Murcia e investigador, por su inestimable aportación documental entre la que destaco la partida de nacimiento en Maratea de Biase Brando Sorice.

A Juan Espín García-Ripoll, investigador, que me ha facilitado la traducción de algunos importantes documentos del italiano al español, así como la obtención en el Archivo Histórico Provincial de Murcia del testamento de doña Juana Sánchez Lorencio.

Antonio Peñalver, 2018.

 

 

 

COMENTARIOS

Maria Jesus Guirao Rodriguez 22 septiembre, 2018 a las 1:26 pm Responder

Nuestro agradecimiento a D. Antonio Peñalver por su investigación, por haber rescatado del olvido el origen de nuestra familia. Un trabajo impecable

Maria Elizabeth Romano 19 octubre, 2018 a las 4:00 pm Responder

Agradezco de su investigación pues considero puede pertenecer a mi árbol genealógico. Soy descendiente de un italiano que emigro a Venezuela en la 2da guerra mundial , su nombre es Domenico Romano Brando. Su padre se llamaba Biaggio Romano y su madre Maria Elizabetta Brando. Se que hay varias hermanas Brando en Maratea, de nombre Rosa, Carmela. Me faltan datos de los segundos apellidos de los Brando . sera que me apuede ayudar con esto.

Antonio Peñalver@ 12 noviembre, 2018 a las 10:04 am Responder

Hola María Elizabeth, debes intentar contactar con el Ayuntamiento de Maratea. De todas formas los Brando que emigraron desde Maratea hasta Caravaca de la Cruz, lo hicieron a mediados del siglo XIX. Las posibilidades de que pertenezcan a la misma familia son ciertamente posibles. Intenta entrar en la página de genealogía Family Search; te puede ayudar.

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