‘Callejero histórico de Cehegín. Casco Antiguo’. Por Francisco Jesús Hidalgo, archivero municipal y cronista auxiliar

 
 
Esto que dejo aquí a los lectores es una especie de adelanto de ese maravilloso proyecto en el que se trabaja desde hace tiempo en el Archivo Histórico Municipal de Cehegín, del que en alguna ocasión les he hablado, el libro «Callejero histórico de Cehegín. Casco Antiguo». Esto es un borrador de uno de los capítulos, que, además, irá ilustrado, como todos los demás, con alguna fotografía antigua o moderna de la calle. El encabezado de cada capítulo será como el de la fotografía anexa. Básicamente la estructura definitiva se parecerá a ésta aunque, quizá, en su aspecto final pueda variar tras las correspondientes correcciones y la redacción, añadiendo o quitando elementos. Les va a gustar.
 
«Manuel Ciudad
Nombre actual: Manuel Ciudad
Denominaciones antiguas:
Abriles desde el siglo XVIII hasta 1853
Hileras, desde 1853
Manuel Ciudad, desde 1896
 
Desde el siglo XVIII tenía como denominación calle de los Abriles, por ser residencia de una acomodada familia con el apellido Abril. Así se mantuvo hasta el año 1853, en que se cambió por la denominación nueva de Hileras.
En el año 1842 había 14 casas habitadas y una población de 71 personas vivía en ella. Los carpinteros Francisco Fernández, Francisco Navarro y Manuel Soriano o el maestro papelero Sebastián Martínez residían entonces en dicha calle. Junto a ellos una viuda pobre, llamada Josefa Sáez, que solo tenía 38 años entonces, el aguador Andrés Navarro o el arriero Juan Lorencio Jiménez, que suele aparecer en la documentación precedido del “don”, y presumiblemente pertenece a una rama de los “Lorencio” que vino a decaer económicamente.
 
Quizá a mediados del siglo XIX ya no tenía sentido mantener el antiguo nombre y el de Hileras era más acorde con la manera en que la población llamaba a la calle, precisamente por estar allí instaladas unas hileras, creemos que propiedad del platero Tomás Alguacil Marín. Sabrán los lectores que una hilera es una máquina o artilugio que se utiliza en orfebrería y también en metalurgia para sacar hilos de metal. Como calle de Hileras se mantuvo hasta el año 1896 cuando se le dio el nombre de don Manuel Ciudad. Éste tenía una casa de su propiedad en esta calle, que cedió en el año 1895 para que se crease un asilo nuevo. Fue entonces cuando se acordó cambiar el nombre de Hileras por el de don Manuel Ciudad, en agradecimiento por la donación realizada. Don Manuel Ciudad fue Subgobernador del Banco de España y falleció el 16 de junio del año 1901.
 
En el año 1857 tenía 18 casas habitadas y un número de 75 personas que vivían en dicha vía. Entre sus habitantes destacan doña Teresa Ciudad de la Hoz, soltera, ya a su avanzada edad para la época, de 60 años. También vivía el barbero Sebastián Ibernón García que, aunque natural de Calasparra, se asentó en Cehegín años antes y ya quedó aquí toda su vida formando familia.
 
En el año 1872 estaba en funcionamiento en esta calle la escuela privada de doña Dolores Pintor.
En 1897 la calle tenía 21 casa habitadas, con una población total de 90 residentes. Entre los habitantes había un maestro platero, Tomás Alguacil Marín, y su oficial e hijo, Rafael Alguacil González. Había un maestro calderero, Bruno García Ferrer, con sus hijos Antonio y Emilio, oficiales. También una lavandera, María Plasencia, un carpintero, Pedro Navarro, varios braceros, un barbero, entre otros.
 
En el año 1950 en esta calle había 20 casas habitadas con una población de 67 residentes empadronados allí vivían, entre otros, el que por aquella época era procurador, don Gregorio Morales de Zafra, hombre con una historia tan amplia que abarca todo el siglo XX, el farmacéutico don Antonio Bañón Garrido, el platero Tomás Alguacil González, casado con Josefa Agudo López, el industrial Fernando Carreño Cuadrado, el perito mercantil José Piñero de Gea, también el empleado municipal y fotográfo Manuel Ruiz Pérez y familia, o el electricista Gregorio Piñero de Moya, además de otras tantas casas y nucleos familiares.
 
En esta calle, a mediados del siglo XX, Miguel Muñoz de Maya, ejercía su labor como pintor decorador, siendo también un buen pintor de lienzo. En 1970 aquí estaba la farmacia y laboratorio de don Ginés Pérez Ayala, que sucedió años antes a la anterior de don Fausto Bañón.»

 

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